Socialismos en Argentina: nueve intervenciones sobre identidad, estrategia y programa

Nueve referentes del socialismo de izquierda responden un mismo cuestionario sobre definición, diagnóstico, tareas, estrategia electoral y banderas programáticas. El dossier organiza una lectura comparativa de coincidencias y desacuerdos para mapear el estado actual de la tradición y sus dilemas de identidad, organización y programa.

Por: Grupo Sagitario / Arte: Valentina Ansalidi

Sin Título. 80 x 100 cm. Acrílico sobre tela. 2023

Sin Título. 80 x 100 cm. Acrílico sobre tela. 2023

Este dossier reúne nueve entrevistas y columnas producidas a partir de una misma consigna: pedirle a dirigentes y dirigentas de la tradición socialista de izquierda que desarrollen su concepción de socialismo, un diagnóstico del presente y un conjunto de tareas, orientaciones estratégicas programáticas. El método es deliberadamente ilustrativo:  una misma consigna  para respuestas distintas, construidas de  trayectorias políticas y territoriales heterogéneas. El resultado es humilde, pero contundente: un mapa o una cartografía con algunas coordenadas y distinciones útiles para pensar(nos) en plural ¿cómo estamos?¿dónde vamos? y, especialmente, ¿quiénes somos y quiénes podemos ser? 

La intención no es forzar una síntesis editorial previa, sino ofrecer materiales para que cada cual, desde su lectura,  reconstruya, por contraste, qué acuerdos existen, dónde están los desacoples y qué discusiones quedan planteadas.

El punto de partida común es un diagnóstico del contexto: se describe un ciclo de derechización y radicalización neoliberal, con efectos sobre la democracia, la vida social y las condiciones materiales, y con un componente contemporáneo difícil de ignorar: la mediación tecnológica de la vida pública. La dirigente santafesina Agustina Donnet, por ejemplo, destaca que el cuadro de situación no puede leerse sólo con categorías heredadas —porque la economía digital, los algoritmos y la cultura de la viralización alteran el modo de producción de opinión, conflicto y representación— y plantea que la disputa por el sentido común se juega también en ese terreno. En un registro distinto, Rubén Giustiniani encuadra el momento como “experimento libertario” y lo vincula con una crisis de proyectos de desarrollo y de representación acumulada, que interpela a la dirigencia política en general y a la socialista en particular. Jorge Rivas, por su parte, combina esa lectura con una exigencia organizativa: la respuesta no puede ser un repliegue defensivo, sino resistencia y elaboración programática para recomponer un bloque político más amplio.

El segundo eje transversal es el balance interno del socialismo argentino. Aparecen, con matices, tres problemas reiterados: fragmentación, pérdida de gravitación y confusión estratégica por alianzas. Fernanda Gigliani lo formula en términos de “fase de reconstrucción”, marcada por contradicciones y dispersión, y propone “reunir” y “reorientar” para recuperar coherencia con la tradición. El dirigente cooperativista Federico Tonarelli lleva el punto al extremo conceptual: sin autonomía política y sin una fuerza propia, lo electoral queda reducido al “mal menor”; por eso ordena las tareas alrededor de una prioridad: “obtener el derecho a la existencia política”. El sociólogo Hernán Martini describe el mismo problema como dispersión teórica y política, y sugiere que la primera operación no es clausurar diferencias sino reabrir una conversación entre quienes se reconocen socialistas, usando la escucha como método y como táctica de recomposición. Claudia Balagué, desde una polémica más directa con derivas internas del socialismo institucional, plantea un criterio de delimitación: hay alianzas y acercamientos que, a su juicio, rompen el “piso” de principios de la izquierda democrática y exigen una revisión de rumbo.

El tercer eje es programático y, aunque la serie evita una plataforma cerrada, permite reconstruir familias de propuestas. En una línea clásica, Juan María Escobar insiste en recuperar protagonismo poniendo en primer plano la igualdad sustantiva y la propiedad social/participación económica, y en volver a disputar “centralidad” cultural e ideológica del socialismo en el debate nacional. Tonarelli suma banderas de transición (renta básica universal, reducción de jornada) conectadas con transformaciones del trabajo y del llamado capitalismo de plataformas. En clave contemporánea, Martini propone dos campos de conflicto estratégicos: la circulación de ideas (plataformas, atención, dispositivos) y el tiempo social (incluido el ocio como dimensión material de la libertad), y desde ahí plantea regular democráticamente las economías de plataforma —transparencia algorítmica, protección de datos, límites a la concentración de poder— como parte de un programa socialista actualizable. Donnet converge en el diagnóstico (tecnología, subjetividad, precariedad) y agrega un paquete de discusiones “centrales de época”: educación, soberanía científico-tecnológica, salud mental, transición ecológica justa y capacidades estatales para regular poderes económicos y tecnológicos.

También hay un énfasis territorial y comunitario que atraviesa varias intervenciones. Fabiana Ríos define el socialismo como “modo de vivir” además de ideología, y traduce esa definición a una ética pública concreta: no callar ante injusticias, sostener un lenguaje democrático de derechos y construir acuerdos programáticos con otros sectores populares desde anclajes regionales. Gigliani lo formula como trabajo con arraigo: organizaciones sociales y gremiales, agenda urbana (vivienda, transporte, planificación), fortalecimiento de lo público y democratización institucional, pero evitando que la estrategia se agote en la lógica electoral. En paralelo, Rivas plantea una disputa “de organización” y “de ideas” que supone construir mayoría sin diluir identidad, articulando con otras fuerzas progresistas y nacionales-populares.

Con estos materiales, Sagitario ofrece un mapa de problemas y opciones: cómo redefinir identidad frente al riesgo de la testimonialidad; en ese sentido, cómo pensar alianzas; cómo reconstruir organización en un contexto de fragmentación social y mediación digital; y qué banderas permiten conectar igualdad, libertad y democracia con conflictos actuales (trabajo y plataformas; tiempo y vida cotidiana; territorio y bienes comunes; capacidades estatales y poder corporativo). 

Es importante saber que es eso: una cartografía de las múltiples posibles, y cómo tal, sujeta a lecturas críticas, diversificaciones, ampliaciones y nunca en clausura. Su límite es práctico. Este dossier queda abierto como invitación a continuar la discusión en próximos números.  

  1. Juan María Escobar — “Debemos recuperar protagonismo, ya que importantes aportes realizados se encuentran actualmente cuestionados”.
  2. Claudia Balagué — “Tiempos para recuperar el sentido profundo del socialismo”.
  3. Federico Tonarelli — “Obtener el derecho a la existencia política. Sin eso no hay absolutamente nada”.
  4. Fernanda Gigliani — “Reunir y reorientar: ‘No hay vientos favorables para quienes no saben a dónde van’”.
  5. Rubén Giustiniani — “Construir un verdadero proyecto de poder popular es la tarea”.
  6. Agustina Donnet — “Socialismo en disputa: presente y futuro en un cambio de época”.
  7. Hernán Martini — “Por una política socialista del tiempo que ponga en el centro la pregunta por cómo queremos vivir, y no solo por cuánto producimos”.
  8. M. Fabiana Ríos — “El socialismo es un modo de vivir, además de una ideología de organización comunitaria”.
  9. Jorge Rivas — “Necesitamos construir una ‘¡Contrahegemonía ya!’”.

Código del artículo: 25003001

Scroll al inicio