Tiempos para recuperar el sentido profundo del socialismo.
En esta conversación, Claudia Balagué reflexiona sobre cómo entiende al socialismo y sobre sus derivas más dolorosas, a la vez que nos interpela e invita -con urgencia- a fortalecer la organización y las propuestas socialistas, todo ello no sólo para volver a ser una voz imprescindible del presente, sino también, y fundamentalmente, una fuerza de futuro.
Por: Grupo Sagitario / Entrevista a: Claudia Balagué
Arte: Valentina Ansalidi

Lo que no puede repetirse. 100 x 100 cm. Acrílico sobre tela. 2023
l socialismo en la Argentina atraviesa un momento crítico y, también, profundamente humano. No se trata sólo de una disputa política o doctrinaria: estamos inmersos en un cambio de época que interpela emociones, certezas, vínculos y memorias compartidas. En un tiempo donde la igualdad, la soberanía y hasta la propia democracia —aquella que aprendimos a defender con pasión y sacrificio— parecen puestas en riesgo, el socialismo se ve obligado a revisitar su identidad sin perder su raíz histórica.
Los partidos socialistas democráticos siempre han sabido que la política es territorio de debate, tensión y construcción colectiva. Pero también sabemos que existen límites que resguardan el corazón de nuestro ideario: la igualdad, el fortalecimiento de la vida democrática, la ampliación de la participación y la defensa de quienes más padecen las injusticias del presente. Esos valores no son un adorno programático; son la brújula que nos guía incluso en los días más difíciles. El socialismo es, ante todo, una identidad de la izquierda democrática, y eso implica asumir responsabilidades éticas que no se pueden negociar.
Hoy observamos cómo ese piso de principios se encuentra jaqueado por un neoliberalismo que ha mutado en libertarismo radical, impulsado por el gobierno de Javier Milei y acompañado por sectores provinciales. En ese contexto, duele ver que algunas corrientes del propio socialismo hayan elegido acercarse a proyectos que contradicen nuestra tradición y nuestra sensibilidad política. Desde Bases PS, espacio que integro, creemos que esa deriva no sólo es equivocada: es una renuncia a la coherencia que el socialismo debe sostener para seguir siendo tal.
Después de tantos años de gobiernos provinciales, los y las militantes debemos recuperar una distinción que parece haberse desdibujado: el papel del funcionario no agota el rol del constructor del socialismo. Para reconstruir ese lazo profundo con la ciudadanía —un lazo que siempre fue nuestra fuerza, incluso en tiempos adversos— es imprescindible volver al territorio, escuchar sin preconceptos, comprender el dolor y la incertidumbre que atraviesa a gran parte del pueblo argentino, y ofrecer alternativas claras y valientes. Hemos sido, históricamente, una fuerza contrahegemónica, y en momentos en que el capitalismo exhibe sus facetas más crueles, nuestra voz no puede apagarse.
Frente a los próximos procesos electorales, necesitamos campañas y propuestas que expresen una oposición firme y honesta al rumbo del gobierno nacional y a sus socios de otras fuerzas políticas. Pero esa oposición no puede ser meramente táctica: debe ser una defensa integral de un proyecto de país que ponga en el centro a las personas, sus derechos y su dignidad.
El socialismo nace de una vocación de cambio. Creemos en la justicia social, en los derechos laborales, en la igualdad como horizonte y como práctica cotidiana. Nuestro compromiso se sostiene más allá de las modas comunicacionales; está tejido en una historia que recupera, desde la modernidad, la tríada de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Y aunque muchas fuerzas invoquen estas palabras, sabemos que su sentido es profundamente distinto cuando se las mira desde la perspectiva socialista. La igualdad, para cualquier socialista, implica democratizar las decisiones económicas y ampliar derechos para mujeres, pueblos originarios, personas con discapacidad, la comunidad LGBTIQ+ y quienes hoy están por fuera del trabajo formal. No es una igualdad declamada: es una igualdad que busca materializarse.
Tampoco concebimos la libertad como un privilegio individual; aspiramos a una libertad que sólo cobra sentido en lo común, en aquello que construimos con otros, en la vida colectiva. Esa misión compartida es la que evita que la libertad sea un recurso para pocos.
Jean Jaurès lo expresó con una lucidez que el tiempo vuelve a confirmar: “la democracia es un mínimo de socialismo; el socialismo es un máximo de democracia”. Ese equilibrio virtuoso, que supimos traducir en políticas e instituciones, se encuentra hoy amenazado por un gobierno que desinvierte, retrae al Estado y desestructura la vida pública, al tiempo que promueve la idea simplificadora de que “el pueblo viró a la derecha”. No vemos un cambio profundo en la identidad popular: vemos más bien un nuevo populismo reaccionario que aprovecha la frustración social y la erosión del lazo comunitario.
Por eso, este es un tiempo para recuperar el sentido profundo del socialismo. No para renunciar a él. No para diluirlo. Volver a las raíces no implica mirar atrás, sino construir desde ellas una alternativa que responda a las necesidades de hoy y abra horizontes nuevos. Si logramos fortalecer la organización colectiva y renovar nuestras propuestas, el socialismo volverá a ser una voz imprescindible para el presente y una fuerza de futuro.
Código del artículo: 25003003