Necesitamos construir una “¡Contrahegemonía ya!”
El socialismo puede ser entendido como un movimiento político dinámico, caracterizado por una plasticidad específica que debe permitirle transitar la historia, los cambios y las distintas realidades sin alterar su objetivo: superar al capitalismo. Sin embargo, ¿cómo entender su falta de gravitación en Argentina? Jorge Rivas nos comparte no sólo interpretaciones, sino también propuestas, acciones y principios en pos de una necesaria Unidad Socialista.
Por: Grupo Sagitario / Entrevista a: Jorge Rivas
Arte: Valentina Ansalidi

Parque. 100 x 200 cm. Acrílico sobre tela. 2025.
Si lo que están buscando es una definición contundente, rígida y académica sobre lo que es el socialismo hoy, estoy seguro que no soy la persona indicada para darles esa respuesta. Son los intelectuales los que deben dar esa respuesta, yo apenas he sido toda mi vida -y lo sigo siendo- un militante con inquietudes, pero nunca he alcanzado la categoría de intelectual. Hecha esta aclaración, desde mi lugar de militante concibo al socialismo como algo dinámico que va mutando, un proceso histórico y político adaptado a la realidad concreta de cada sociedad, que si bien mantiene inalterable sus principios de igualdad, libertad y fraternidad, debe tener cierta plasticidad instrumental para ser permeable a los cambios de distintas etapas históricas de la humanidad y del capitalismo, que es nuestro contrario a superar.
El socialismo no aparece de repente, sino que quienes militamos por un socialismo democrático sabemos que se construye gradualmente a través de transiciones. Implica una lucha prolongada entre viejas y nuevas formas de organización económica, política y cultural. Una cuestión importante en esa transición es que la sociedad controle el excedente económico, lo que no significa eliminar de inmediato el mercado o la propiedad privada, sino subordinarlos al interés colectivo. Por lo que en países como el nuestro el encargado de redistribuir la riqueza y regular el mercado será un Estado popular fuerte.
Me piden que diagnostique al socialismo argentino de hoy, y la pregunta conlleva implícitamente la respuesta. Es decir, que desde el momento que se me pide un diagnóstico sobre alguien o algo es porque consideran que está enfermo o roto, o que por lo menos no funciona bien y quieren saber la causa del malestar para darle un tratamiento adecuado. Coincido con lo que afirma la pregunta en que el socialismo argentino de hoy atraviesa dificultades, pero analizarlas a todas y sus causas excede esta entrevista. Dejando de lado la teoría, y enfocándome en el fenómeno político real, las innumerables divisiones producidas en el socialismo argentino a lo largo de la historia, fue el principal motivo de la pérdida de gravitación en nuestro país. Convencidos de que el primer paso para recuperar la gravitación política perdida por la izquierda democrática era unificar en una sola organización a los diversos socialismos desparramados en el país, impulsamos el Partido Unidad Socialista como la herramienta para lograrlo.
En relación a cuáles me parece que son las tareas urgentes que debemos darnos quienes somos socialistas, respondo que organizarnos. Para mí es central, en las distintas localidades y regiones del país, darnos una organización contenedora y participativa. Sé que no es fácil, y que hasta incluso puede sonar demodé en momentos en que la organización partidaria no goza del mismo prestigio que gozaba en el siglo pasado, pero debemos ser conscientes que estamos en un periodo de luchas defensivas, un periodo en el que la democracia, incluso la de baja intensidad, corre un serio riesgo de ser duramente secuestrada por fuerzas antidemocráticas y fascistizantes. Ya que una de las grandes asimetrías de esta época es que la agenda de los ricos se propone constituir un nuevo mundo, que tiene que nacer sin democracia y representación política. El mandato de los megamillonarios es que no exista representación política de las y los explotados, y que vivan en una pesadilla de miseria y humillaciones. Para revertir esa tendencia que va logrando cierta capilaridad popular, necesitamos construir una “¡Contrahegemonía ya!”, como diría Nancy Fraser, y eso se logra con ideas novedosas, transgresoras y radicales, voluntad militante, y sobre todo con mucha organización.
Estamos atravesando un momento político horrible en el mundo occidental y particularmente en nuestro país donde se desarrolla un experimento anarcocapitalista de ultraderecha que todavía no podemos dimensionar hasta dónde llegará, ya que es una noticia en desarrollo. En ese contexto de avance neoliberal recargado y reaccionario con importante acompañamiento electoral, las izquierdas democráticas nos encontramos objetivamente fragmentadas y subjetivamente confundidas, replegándose en sus orgas a la espera de que la tormenta pasé, como si enfrentáramos una anomalía climática que tarde o tempano va a pasar. Yo siempre he sido muy crítico al determinismo de cierta izquierda, estoy convencido que los y las socialistas estamos obligados, en esta etapa, a resistir, y en paralelo a elaborar un programa de emancipación que nos sirva para articular un gran frente electoral con otras fuerzas progresistas y populares.
La pregunta “¿Qué propuestas políticas te parecen que se deben levantar como banderas para una campaña socialista?” me resulta compleja para responder así como está formulada, porque pide propuestas de campaña electoral. Es decir, que a la propuesta en sí misma, le debemos agregar el condimento de que el pueblo la encuentre atractiva para votarla, materia que desde hace tiempo manejan más los publicistas que la política. Asignatura en la que confieso un total desconocimiento, ya que no me acompaña la lucidez cuando de ocurrencias electorales se trata, por lo que prefiero delegar en quienes saben. Sí me parece que nuestras propuestas electorales deben conectar con las necesidades concretas del pueblo trabajador, y los sectores más vulnerables de la sociedad.
Finalmente, respecto a qué principios -o principio rector- deben guiar estas políticas parto de la idea de que un principio rector es una directriz fundamental, y que aplicado a lo que venimos hablando, me estarían pidiendo una especie de guía de conductas políticas de las que un gobierno socialista, tal como concebimos al socialismo, no debería apartarse en el ejercicio del poder. Me parece muy oportuna esta inquietud, en el momento que la Unidad Socialista está buscando su propia identidad. Cuestión que se resolverá a través de un debate interno colectivo, única manera democrática de llegar a síntesis superadoras, y al surgimiento de tendencias que difieren en matices pero que pueden convivir en un mismo Partido, dándose reglas de juego que permitan garantizar la existencia de esas tendencias, y un método para resolver esas diferencias. Aclaro que no hablo en nombre de Unidad Socialista (no pontifico), ya que es todavía un debate abierto, solo doy mi opinión personal.
Pero volviendo a los principios rectores, el socialismo debe buscar la igualdad y la libertad a través de métodos democráticos, combinando la propiedad social o colectiva de los medios de producción con una economía mixta, y la intervención estatal para regular el mercado y redistribuir la riqueza mediante impuestos progresivos. Cuando hablo de métodos democráticos, no me refiero a la democracia liberal meramente procedimental, como la que tenemos, que se ha demostrado completamente impotente para ponerle límites al poder económico. La democracia que defiendo y a la que aspiramos quienes somos socialistas es la democracia participativa, plebeya y radical.
Código del artículo: 25003010