“La IA está montada sobre una gran complejo material, que incluye trabajo casi esclavo, un uso tremendo de recursos naturales y energéticos que suelen salir de países periféricos y enriquecer a empresas y sectores centrales y cada vez más concentrados”

En esta entrevista, Sagitario conversa con Hernán Borisonik (CONICET–UNSAM), director del Centro Ciencia y Pensamiento, sobre el reverso material y político de la digitalidad contemporánea. A partir de blockchain/criptomonedas e IA, Borisonik discute la ilusión de “desmaterialización” y muestra el complejo de infraestructuras, trabajo precarizado y extracción de recursos que sostiene la economía de plataformas. Desde allí desplaza el debate: no alcanza con apelaciones éticas ni con responsabilizar al “usuario soberano”; hacen falta políticas públicas —en clave regional— de protección de datos, recursos y personas, capaces de orientar el desarrollo tecnológico sin caer en mitologías de autorregulación de mercado. La conversación se cierra ampliando el horizonte: crisis ecológica como matriz de conflictividad, necesidad de innovaciones políticas y organizativas, y una práctica teórica que recupere imaginación, tiempo y “conciencia de clase” a escala planetaria.

Por: Andrés Imperioso / Entrevista a: Hernán Borisonik
Arte: Valentina Ansalidi

Bacha. 120 x 90cm. Acrílico sobre tela. 2019.

Bacha. 120 x 90cm. Acrílico sobre tela. 2019.

En el marco del dossier para pensar el futuro, Sagitario entrevistó a Hernán Borisonik, director del Centro Ciencia y Pensamiento de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). La intención es advertir algunas de las tendencias que atraviesan la condición humana frente a los vertiginosos avances tecnológicos.

Hernán Borisonik es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires e investigador del Conicet. También, se desempeña como profesor adjunto en la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), donde dirige el Centro Ciencia y Pensamiento. Su campo de exploración abarca problemas vinculados al dinero, la sacralidad, la política y las artes. Dirige y forma parte de diversos proyectos vinculados a la filosofía y la teoría política. Realiza episódicamente tareas de curaduría, performance y crítica de artes. Obtuvo el segundo lugar en el Premio Nacional de ensayo filosófico en 2020. Publica habitualmente en medios como Anfibia en el cual publicó De la desmaterialización a la desimaginación y Soberanía o Sumisión. Editó varios volúmenes académicos y de divulgación y escribió, entre otros, los libros Dinero sagrado, Soporte y Persistencia de la pregunta por el arte.

Sagitario conversó con el Dr. Borisonik sobre sus investigaciones más recientes y sobre sus preocupaciones en torno al presente que habitamos.

Grupo Sagitario: ¿Qué tipo de tecnología son las criptomonedas y qué función social vienen a cumplir?

Hernán: Las criptomomonedas en sí mismas no son “una tecnología”, sino una de las aplicaciones posibles de una tecnología en particular que es la blockchain. Dicho en breve, la blockchain o cadena de datos permite crear bases de datos descentralizadas, distribuidas, transparentes (en cierto sentido) e inmutables. Eso quiere decir que funcionan como una red de nodos que transmiten información de manera criptológicamente muy segura y que, al día de hoy, es casi imposible modificar o borrar datos unilateralmente. No tienen un centro, sino que generan una suerte de libro contable que anota intercambios y envíos de datos digitales (que pueden o no referir a cosas del mundo no-digital). Esa especie de libro contable es compartido por una red de nodos. Todos los nodos tienen copias completas y las están verificando permanentemente. 

Digo que son transparentes en “cierto sentido”, porque si bien todas las transacciones e intercambios son “públicos” y visibles (para los nodos de la red), no es fácil poder asignar un actor real detrás de cada nodo, lo cual trae el problema de que se puedan intercambiar datos o pagar por cosas que no son legales en los lugares donde habitan quienes están representados por los nodos. 

Esta tecnología nació muy pegada a la crisis capitalista global de 2007-2008, bajo algunas premisas muy concretas, como un desprecio profundo por los bancos y los Estados, así como una idea de individuo muy despegada de lo social y lo territorial. Hoy en día, están mucho más asociadas a la especulación financiera (en Argentina, en particular, a escapar del peso -que es el miedo atávico nacional-) que a los usos del dinero más convencionales (conseguir cosas para la vida, básicamente).

Grupo Sagitario: ¿Qué te parece realmente nuevo de la Inteligencia Artificial (IA) y qué repite lógicas anteriores? ¿Es necesario regularla? ¿Con qué políticas?

Hernán: Lo “nuevo” de la IA me parece que tiene que ver, en primer lugar, con una cuestión que trajo la digitalidad en general que es la idea de meta-tecnología. Lo digital es un entorno completo que incluye cosas que antes eran de muy diferente naturaleza. La IA profundiza esa idea, buscando ser la mediación total entre la gente y el mundo. Tal vez su novedad más particular sea la extrema automatización de procesos en los que el humano parecía fundamental y la posibilidad de producir cosas o tomar decisiones sin la participación directa de una persona. IA no es simplemente una serie de grandes modelos de lenguaje (como ChatGPT, digamos), sino un entorno enorme que va desde lo médico a lo militar, de lo ecológico a lo financiero. 

Lo menos nuevo que tiene es que está apoyada sobre una estructura extractivista y una matriz acumulativa que hacen que sus beneficios vayan, a grandes rasgos, a sectores que ya se beneficiaban de los demás adelantos tecnológicos. Al igual que Blockchain, nace asociada a ideas relativamente emancipatorias, pero termina, hoy, redundando en mejoras para sectores ya privilegiados. 

Por supuesto que es necesario e importante regularla. La IA, así como todo lo digital, está montada sobre una gran complejo material, que incluye trabajo casi esclavo, un uso tremendo de recursos naturales y energéticos que suelen salir de países periféricos y enriquecer a empresas y sectores centrales y cada vez más concentrados. Creo que hay que ser claros en que la ética sola no alcanza para esto. Tampoco creo que la salida sea poner la responsabilidad en los usuarios, bajo la idea de un “soberano de sí” que puede comprender la magnitud de lo que está del otro lado. Necesitamos políticas regionales de protección de recursos, de datos y de personas que faciliten el desarrollo tecnológico sin caer en los mitos del mercado como regulador natural de las acciones humanas. 

Grupo Sagitario: ¿Por qué dijiste en diferentes textos que la crisis ecológica ya no es sólo un tema más entre otros, sino una matriz central para leer la lucha de clases contemporánea?

Hernán: La idea de Antropoceno, con todos los debates y términos derivados que trajo, resume bien el problema. Las acciones humanas modifican de manera sensible el entorno terrestre y la continuidad de nuestra vida hoy depende en gran medida de que eso se pueda asimilar y reconducir. Pero, tal como está dado hoy, el Antropoceno como gran borde oculta una serie muy fundamental de responsabilidades que hay que iluminar y aclarar lo mejor posible. Hay quienes se están beneficiando de las catástrofes climáticas y ambientales que estamos viviendo, sin importarles las consecuencias. Si el sector financiero plantea que hoy vivamos enfermos y precarizados bajo la promesa de un futuro mejor, invirtamos la fórmula y exijamos que ganen menos hoy para que haya una vida más digna mañana. Hay un límite concreto de lo material. Es hora de recuperar el valor de uso del planeta y supeditar su representación bajo esos contornos. 

Grupo Sagitario: ¿Cómo pensar una práctica teórica honesta en este contexto, que no mienta ni se rinda?

Hernán: Las prácticas teóricas actuales están mediadas por un sistema universitario y académico en franca decadencia, mucho más preocupado por señalar el punto de vista del hablante que por discutir ideas para mejorar la vida en común. Esa es una primera mediación que hace falta vencer. Hay una serie de mecanismos que llevan al campo teórico hacia la búsqueda de términos efectistas y de “innovación” permanente. Una teoría que subsista a este embate contra el pensamiento abstracto debería, antes que nada, resistirse a los tiempos urgentes del presente, a correr contra las “deadlines” y las evaluaciones permanentes y ver modos de crear espacios de retiro, reflexión e intercambio. Nada de eso es fácil, porque, además, hay una precarización feroz de eso que supo ser un modo de vida. Para una práctica teórica honesta hace falta, entonces, antes que nada, recuperar la idea de conciencia de clase, pero incluyendo en esa clase a todas las personas que producen creativamente (con voluntad o no, con sus manos, cuerpos, mentes) el mundo que habitamos en conjunto y ver cómo expandir esa condición a otros estratos igualmente explotados, como el agua, el suelo, la atmósfera, etc. Es momento de ampliar el horizonte. 

Al mismo tiempo, creo que es fundamental hacerse cargo de la violencia que supuso el reemplazo de la abstracción y la especulación como términos filosóficos por acciones financieras. Ya no podemos pensar “fuera del mundo”. Es el momento de pasar de lo universal a lo planetario y eso implica una re-erotización del futuro, una nueva mirada que abrace la materialidad y la vida y pueda dar cuenta de las mediaciones desde las que se construye discurso y sentido. 

Grupo Sagitario: ¿Qué sería para vos un “futuro erótico” que valga la pena desear políticamente hoy?

Hernán: En distintos momentos de la historia hubo eróticas del porvenir. Proyectos de mundo que había que hacer venir. Hay una potencia en la planificación, vinculada a lo imaginativo, lo proyectivo, que sólo está siendo aprovechada o actuada por proyectos altamente destructivos y cortoplacistas. Nos toca presionar nuestras tradiciones de pensamiento, nuestras prácticas monótonas y repetitivas hasta el punto del desborde creativo. Las preguntas de siempre pueden y deben ser replanteadas, reactualizadas, en diálogo con los problemas actuales (que no son pocos). Nuestra perspectiva subalterna y marginal puede ser el punto de arranque perfecto para proyectar nuevos caminos, sin perder de vista las sinuosas condiciones históricas que dieron forma al presente. 

Grupo Sagitario: Si tuvieras que decirle a alguien que milita en las bases sociales qué cambió en el capitalismo actual respecto del industrial, ¿qué dos o tres rasgos resaltarías?

Hernán: Es difícil resumir en dos o tres características todo lo que pasa, pero también es muy necesario poder traducir a niveles concretos y acciones realizables estas ideas. 

Lo primero que le diría es que estamos ante un cambio de escala. Los desarrollos de la física muestran eso con claridad. Lo que fue cambiando de Aristoteles a Galileo a Newton a Einstein, etc., fue, sobre todo, la conciencia del tamaño de aquello que nos rodea y determina. Lo que se sabe en este momento sobre las magnitudes del universo es que son infinitamente más grandes y más pequeñas de lo que se sospechaba siglos (o décadas) atrás. Eso nos exige ampliar las miradas. No podemos seguir usando modelos modernos para un mundo que ya demostró no ajustarse a esa mirada y la lucha ya no puede circunscribirse sólo al conflicto laboral clásico. Entonces, un primer foco, diría, es la ampliación del campo de batalla, la unión de reivindicaciones que parecen muy diversas pero que en el fondo se ven doblegadas por aspectos muy similares (feminismo, ecologismo, activismos digitales y muchos muchos otros grupos). El capitalismo de datos crea burbujas y hypes para evitar esa mirada amplia, justamente. 

Un segundo aspecto cardinal, vinculado a lo anterior, me parece, es la cuestión de los medios. Tenemos que repensar la relación con las pantallas y las redes sociales. No podemos creer que la imperiosa necesidad de “postear” responde a exigencias militantes. Hay una mediación ubicua de las redes y plataformas digitales que habrá que encarar con conocimiento y creatividad. Los medios no son neutrales, no podemos tomarlos así como vienen y usarlos pensando que, incluso siendo productos de una matriz que nos doblega, van a servirnos. Debemos detenernos a pensar cómo y para qué enfrentar ese ecosistema tan complejo, indómito y oscurecido políticamente.

El tercer punto, sin duda, es la subjetividad. Precisamente, para poder modificar la relación con el mundo, hace falta percibir hasta qué punto nos atraviesan ansiedades y mandatos que no solamente son colectivos, sino que vienen desde afuera. El espacio público está privatizado y desde ahí se da una captura de la sociabilidad y su moldeado en formas compatibles con el capital. Hay una especie de alienación pre-reflexiva en los propios deseos, miedos y aspiraciones. La publicidad era una forma primitiva de algo que hoy es infinitamente más sofisticado y que implica una exigencia permanente de rendimiento y optimización, dentro de una economía de la atención que tiende a individualizar todo. Para quienes militan, la pregunta se redobla, porque las prácticas ya no son sólo “hacia afuera”, sino también “hacia dentro”. Las organizaciones políticas deberían ser también espacios de cuidado, escucha, desaceleración. La tarea de construir una política a la altura de esta complejidad no es fácil, pero de ninguna manera imposible.

Código del artículo: 25003012

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