No se puede pensar la lucha de clases sin las travas
“El marxismo fue liberador y muy importante en muchas cuestiones, en especial porque, en mi caso, viene de la mano de Lohana”, afirma Florencia Guimaraes en su libro autobiográfico LA ROY Revolución de una trava. Replicamos el capítulo 10, “No se puede pensar la lucha de clases sin las travas”, en el que la teoría socialista, la militancia comunista y la lucha feminista se entrecruzan en una historia personal que nos invita, con contundencia, a defender y continuar apostando por la construcción colectiva transfeminista socialista.
Por: Florencia Guimaraes García / Arte: Roz
No se puede pensar la lucha de clases sin las travas 1
Recuerdo que la noche de diciembre del 2001 2 estábamos en el departamento de una amiga montándonos para ir a trabajar, recién había regresado de Uruguay. Prendimos la tele y veíamos todo el quilombo en las calles, los saqueos en los supermercados. Me puse a llorar. No entendía por qué, pero veía a la gente y, de verla manifestando, me puse a llorar. Y mi compañera me dijo: “nosotras tenemos que ir a pararnos igual”. Y nos fuimos a parar en Núñez y veíamos pasar por Avenida Libertador a todas las personas con una cacerola en la mano, gente de clase media alta pidiendo que les devolvieran los dólares. Al mismo tiempo, piqueterxs como Diana Sacayán, exigían trabajo en Ruta 3. Esa misma noche, tuve que ir a prostituirme. Para nosotras, pasan los gobiernos, las dictaduras, las democracias, pero las compañeras tienen que estar paradas igual, en toda situación.
Un 24 de marzo del 2013, o 2014, Lohana me dijo: “¡Marica! Venite a casa a comer y de ahí nos vamos a la marcha”. Ella iba divina con su carterita de la bandera de Cuba en el subte. Bajamos por 9 de Julio y me dijo: “te voy a presentar a alguien”. “¿A dónde vamos?”, le pregunté yo, y me contestó: “los 24 de marzo yo marcho con el Partido siempre. Las demás marchas voy de un lado para el otro pero el 24 voy con el Partido”. Y ahí me presenta a Romina Pereyra 3 yo la ví y pensé: “¡ay Dios mío!¡Es un chongo!”. Y Romi, como siempre cuando ve una traba: “ay mamita, sos hermosa”. Y yo me quedé dura. Lohana le dijo: “Romi, ella de la Matanza”, y luego me dijo a mí: “quiero que te pegues a ella, vas a militar con ella”. Yo la miré y le dije “sí, sí, qué se yo”. Y Romi empezó a mandarme mensajes diciéndome qué días se juntaban, invitándome a conocerlxs. Yo no le di bola hasta que un día me acerqué por un aniversario del Partido. Lohana me mandaba en representación de su organización. Y ahí fui por primera vez al local de San Justo. Me trataron tan cordialmente, tan bien que me sentí muy cómoda, y no me separé nunca más. Y sobretodo con Romi. Generé un vínculo muy estrecho.
La política es muy sanadora para mí, en muchos aspectos. Me hizo sentir que tengo un lugar de pertenencia. Aparte, el camino está medio hecho, porque ya estuvo Lohana veinte años, ella fue a romper cabezas adentro de la política y en la Izquierda. El legislador Patricio Echegaray 4 tuvo la convicción de contratar una trava en la legislatura. Eso lo logró Lohana metiéndose en un partido. Mis propias compañeras me estigmatizan mucho con ese tema, porque soy “demasiado partidaria”, lo que molesta es que sea comunista, no partidaria. Yo ahora estoy en una posición en la cual represento a un partido. A todos lados donde voy lo digo bien claro, soy militante del Partido Comunista. Parece que fuera más liviano decir: soy activista trans. Yo me hago cargo de lo que soy, una travesti; lo reivindica como Lohana, porque también ha pasado con ella que, cuando murió, nadie mencionaba su pertenencia política: “murió militante política…” ¿Militante de qué? del Partido Comunista, llamemos a las cosas por su nombre. Cuando Lohana murió, que fuimos muy pocas en su lecho, la llamó a Romina, que es referente del PC, y le dijo: “me gustaría que esto fuera así, así y asá”, planificó su velorio, hasta el último detalle. Para mí es un orgullo pertenecer, porque ella me lo heredó, esta era su familia política.
Entonces para mí es un orgullo decir que pertenezco al Partido, yo me formo y me construyo también ahí adentro. La política me abrió muchísimo la cabeza, me hizo ver cosas que no divisaba, me hizo entrar en un mundo del cual no puedo y no quiero salir. Fue muy importante para mí, me formó, me está formando constantemente. He conocido gente maravillosa. El 4 de marzo de 2016, cuando me casé (Lohana iba a ser la madrina pero lamentablemente falleció antes), mis propios compañeros y compañeras me organizaron la fiesta. Sé que puedo contar incondicionalmente con ellos y ellas. Nunca había sentido este tipo de compañerismo. Yo gané una familia que me abrió los ojos, que me hizo dar cuenta de cosas como la clase. Lo pensaba, pero no le ponía palabras. No me hacía cargo de que yo venía de una clase trabajadora, humilde. Como cuando iba a bailar y quería aparentar ser algo que no era. Las primeras veces que fui prostituida, pensaba en comprarme un pullover en el Shopping del Spinetto para ir a bailar con Clavin Klein, porque si no tenía cosas de marca, era como si no existiera. Me tenía que dejar la barbita candado y comprarme los zapatos marca Leñador. Y yo pensaba que estaba bien, que era era la meta, y en realidad no, yo pertenezco a otra clase, y mi familia viene atravesada por la pobreza que este sistema genera. La militancia me hizo dar cuenta de eso, y de que yo también soy una sujeta política, que tengo y debo luchar, no solo por mis derechos como trava, sino por mi clase, es parte de mi identidad. Si hablamos de las travas hay un montón de temas de los que hay que hablar: acceso a la vivienda, a la salud, al trabajo, a la educación, un montón de cosas. Todo eso no lo veía.
Marxismo
El marxismo fue liberador y muy importante en muchas cuestiones, en especial porque, en mi caso, viene de la mano de Lohana. Me empezó a interesar la política cuando me tocó el cambio de cerca en mi vida. Antes de eso no me interesaba.
Una tiene que ir a pararse a chupar una pija para comer, no se interesa por esos temas. Y si nos interesan, tenemos que ir a pararnos igual. Cambió recién cuando vi que había un Estado, un Gobierno que le transformó la vida a mi compañero y por ende me la cambió a mí: pude dejar la calle. Él casi muere en una guerra que tiene que ver con el capitalismo, con el imperialismo, con la dictadura militar. Tuve la posibilidad de escuchar un discurso que vino a reivindicar la lucha de los ex-combatientes, un Gobierno que empezaba a hablar de lo social, de la pobreza, que se interesaba, que hablaba de capitalismo, me llamó mucho la atención; porque yo vengo del menemismo, de De la Rúa, del neo-liberalismo, de “tomemos champagne y viajemos”… En ese momento empecé a darme cuenta de lo que hace la política, cuando reconocen a los ex-combatientes de Malvinas. Me sentía impresionada por ese Gobierno, de ese proyecto, aunque sabía que seguía siendo capitalista. Era lo que más conocía, y para mí era muy impactante la presencia de una mujer como Cristina, escuchar a una mujer con esos discursos. Me atrapó. Pero siempre había algo que no me convencía: el peronismo. Había que no iba con mi ideología, algo que faltaba, que era la cuestión de clase. Y Lohana venía insistiendo con el Partido, pero yo no le daba bola.
Por cuestiones políticas, me he peleado y distanciado con mucha gente. Teatro San Martín, Teatro Colón. Casa de la Cultura … ¡lo que eran mis compañeras! Yo defendía mucho al kirchnerismo. En realidad, a una clase, la trabajadora, la clase popular. Me odiaban, me bloqueaban, no me hablaban. Antes, no hablaba ni me importaba. Tenía que estar pensando qué zapatos me ponía, o cómo se me notaba más el culo para estar parada en la esquina. Por eso comprendo totalmente a mis compañeras. Es un tema muy importante la poca participación en política, en organizaciones. Eso sucede porque primero las pibas tienen que comer, no se le puede exigir compromiso, primero tienen que vivir. Hay que ser cautelosas, tener respeto y consideración por las compañeras que están en situación de prostitución. El 80% de mis compañeras no tiene el privilegio de contar con otro medio de subsistencia. A veces discuto con algunas compañeras abolicionistas que dicen cosas como: “no nos gusta que se digan trabajadoras sexuales”. ¿Pero quién es quién para decirle a otras persona cómo se tiene que definir? Es como que me digan que no soy trava. Cada una se define como quiere y como siente. Si una compañera se define como trabajadora sexual, yo lo único que puedo deecirle es que para mí la prostitución no es un trabajo. Hay que respetar. Sí podemos discutir la reglamentación, eso es otro tema, pero la gente tiende a mezclar todo. Lohana lo decía muy claro: el abolicionismo debe aggionarse, porque si no nos tildan de moralistas y es todo lo contrario. Por mí cojamos entre todxs, pero acá es otro tema, estamos hablando de opresión, de dinero, de necesidad, de otras cuestiones. Y estas cuestiones son políticas.
Feminismo
Pensaba en el feminismo igual que pensaba sobre el capitalismo, o el antiimperialismo. Son cosas que tenía claras pero no tenía el concepto de lo que querían decir, porque hay cosas que siempre me indignaron y ahora lo puedo expresar, visibilizar. Cuando empecé a militar, con la política empecé a ponerle nombre a las cosas. Me sigue pasando, por ejemplo, cuando paso por zonas de Country y veo a mujeres pagando 600 pesos por cuatro sanguchitos y una coca en una estación de servicio, y a diez cuadras no tienen agua de red, toman agua de pozo con mierda y todos los pibes están con la piel con erupción. Siempre me indignaron esas cosas. En la militancia pude entender que había oprimidos y opresores y que no es cuestión de suerte.
Sobre feminismo, algo que ya entendía por Lohana, pero no prestaba atención. A través de mi formación pude entender la realidad de las mujeres, de las identidades oprimidas en este sistema, y me pude dar cuenta de la mierda patriarcal que nos atraviesa, de las condiciones de desigualdad que hay entre varones y mujeres, ni qué hablar de otras identidades.
Para mí fue magnífico, el feminismo me ha abierto los ojos, creo que es una herramienta de lucha poderosísima, me da mucho orgullo (salvo algunos feminismos biologicistas que nos expulsivos, discriminadores, que nos ponen a las travas en el lugar de varones, lo cual es terrible, es violento no darse cuenta de que nosotras también estamos atravesadas por el patriarcado, que atenta contra nuestra identidad). No puedo separar el feminismo de la clase y de la política, están asociados. Siento que estamos todas del mismo lado, el opresor es uno solo y nos tiene bajo su bota hace siglos. Lohana una vez me contó que, en un Encuentro Nacional de Mujeres, estaba con Diana Sacayán y dos mujeres se metieron a un taller diciendo: “acá hay dos varones, sáquenlos”. A Lohana le costó muchos años que las travas nos instalemos y nos sintamos parte del ENM para que ahora nuevamente tengamos que dar explicaciones de si somos mujeres, varones, travestis, si tenemos documento, si no lo tenemos… Todavía hay corrientes muy conversadoras y yo las considero patriarcales. Por suerte son la minoría.
Es muy importante participar activamente del Encuentro Regional de Mujeres. La primera vez que me acerqué fue en San Martín. Buscaba en la grilla un taller que me representara y encontré uno que decía “Cuerpas monstruas trans”, lo cual me llamó la atención y me molestó. Pensé: “¿qué es esta locura? Yo no soy una monstrua ni una cuerpa”, hay que respetar las identidades, aunque comprendo que son terminologías que utilizan lxs pibxs más jóvenes, yo soy un poco más clásica, no son palabras que me representen y muchas personas que se acercan no entienden qué quieren decir. A raíz de esto, presenté la propuesta de un taller de género de personas travestis, transexuales y transgénero, lo cual fue muy bien recibido.
Explotó de compañeras. También llevamos un taller homenaje a Diana Sacayán, fue una hermosa experiencia. En el tintero quedó el tema de sumar otras identidades al Encuentro, que no fuera solamente de Mujeres, sino agregar Travestis, Transexuales, Lesbianas. Se puso en discusión el tema en este segundo año en que participo y hubo un consenso absoluto, fue histórico en los veinte años que cumple este Encuentro. Me pone feliz que otras compañeras nos sintamos identificadas, interpeladas, invitadas al Encuentro.
El feminismo no pude ir nunca de la mano con la prostitución ni su reglamentación. El feminismo es otra cosa, es romper con las cadenas de la opresión, emanciparnos. Esto es lo contrario, si hablamos de una relación de poder de parte del tipo hacia una, es contradictorio.
Lo mismo sucede con el tema del aborto. ¿Cuántas pibas se nos mueren por año, por tener que hacer abortos clandestinos, de maneras horripilantes? Volvemos a la hipocresía: las que lo pueden pagar van a una clínica privada y vuelven a su casa, pero una piba de barrio humilde, que no tiene acceso, se muere. Y si no, queda su cuerpo destrozado por dentro. Ahí también juega la clase. Una vez más las pobres son las que ponen la vida y los cuerpos. Para nosotras es crucial la Campaña por el Derecho al Aborto seguro, legal y gratuito, y era una de las banderas de Lohana, ella era parte de la Campaña. Si nosotras tomamos como referentes a Lohana Berkins y a Diana Sacayán, levantamos sus banderas.
Es un tema en el que entra específicamente la moral y el poder: de la Iglesia, de los Gobiernos, de los Estados, de la sociedad patriarcal, de un sector de la sociedad. A nosotras las travas también nos afecta, si estamos con una persona que tiene útero y queremos decidir, es también nuestra decisión. Como trava yo también tengo responsabilidad en este tema, y la tiene toda la sociedad. Es un asunto de políticas públicas.
Educación popular
Es necesario nombrar a la Escuela de los Pueblos de Abya Yala, un espacio con el que Lohana venía insistiendo para que me formara, ella había pasado por ahí y también Diana Sacayán. Para ella era muy importante, por el contenido de la Escuela y por el activismo, la militancia y la amistad que ella tenía con Claudia Korol 5. Estando Lohana en vida, aunque la acompañe varias veces, nunca le hice caso. Me acerqué cuando ella murió, en 2016. Ahí empecé a formarme en la escuela popular Pañuelos en Rebeldía, el espacio que habitan los compañeros y compañeras desde hace años en Pompeya. Fue una experiencia muy rica, ese año fue una escuela itinerante que funcionaba los días sábados, un día era en La Plata, otro en Morón, en Guernica, en Flores, en la Matanza. Eso hace que podamos conocer todos los territorios, es muy interesante. Es un espacio muy horizontal y de gran afecto. Empezamos bailando, abrazándonos muy fuerte, los cuerpos se entrelazan, es muy lindo, se demuestra el afecto, el amor, el compañerismo, la energía colectiva.
El primer día de clase conocí a Maite Amaya. Vi una trava sentada en un rincón y me fuí acercando de a poco, hablando. Era cordobesa. Me pareció una persona muy sabia, con mucha militancia territorial, muy interesante. Sobretodo porque había cosas que nos atravesaban en común y había otras que yo todavía no había procesado. Ella era una compañera que se definía anarquista y que tenía otras ideas que yo no tengo, sobre políticas públicas, el Estado. Me enriqueció muchísimo. Hemos compartido homenaje a Diana y a Lohana, junto con Nora Cortiñas y toda la Escuela de los Pueblos. Después nos seguíamos por las redes sociales, hablábamos… Fue muy triste su muerte, fue insólito. No lo esperaba. Fue una gran pérdida para el movimiento piquetero.
Me enerva la injusticia, que la gente no pueda ver más allá. Yo trato siempre de ir más allá, de busque el porqué. Que una trava tenga que morir a los treinta, o que el 80% de las travas sean prostituidas. Hay condiciones que pone esta sociedad, el Estado, el Gobierno, el Sistema, todos los nombres que le queramos poner, de porqué existe todo esto. No es casual. Y eso me ha generado enemistades y me ha hecho tener conciencia, la política hizo eso en mi vida. El sumun sería Socialismo, Comunismo, Anarquismo, pero en esta sociedad… Yo por lo menos, decido involucrarme. Creo que es una manera de ir cambiando un poco, muy de a poco, algunos pensamientos. El ser humano es un ser político, incluso los que se consideran apolíticos. El humanx es un animal politiquex. La política es muy importante y cada día lo es más. El poder ser crítica, no quedarme nunca con mis pensamientos estáticos, fluir, aprender, equivocarme….
Maite Amaya
Nació en 1981, en Argüello, Córdoba. Era una militante de la Federación de Organización de Bases (FOB), travesti, feminista, piquetera y anarquista. Vivía en Casa Caracol, un centro cultural y social de esa ciudad. Desde muy joven se comprometió con los movimientos sociales y con la defensa de los Derechos Humanos. Militó en Las Histéricas, las Mufas y las Otras. Participó de la Coordinadora por Justicia para Natalia “Pepa” Gaitán, una lesbiana cordobesa asesinada en 2010. Murió a los 36 años.
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